Las imágenes de adolescentes, -entiéndase como juventud que todavía necesita guía más allá de la edad, esta vez mujeres- enfrentándose a golpes a la salida de un boliche no son nuevas, pero sí cada vez más frecuentes. Aquello que debería ser un espacio de diversión y encuentro se transforma en escenario de agresiones que, lejos de ser simples “peleas juveniles”, revelan una cultura de violencia que atraviesa generaciones.
Estas escenas, nos podrían traer a la memoria el caso del crimen de Fernando Báez Sosa, porque se repiten patrones:
- La fuerza del grupo que legitima la agresión.
- La pérdida de empatía hacia la víctima, convertida en “enemiga” por motivos banales.
- La indiferencia del entorno, que muchas veces filma o difunde en redes en lugar de intervenir.
El caso Báez Sosa, ocurrido en Villa Gesell en enero de 2020, mostró el extremo más brutal de esta dinámica: un joven asesinado por un grupo de rugbiers a la salida de un boliche. La sociedad entera se conmovió, pero la pregunta sigue vigente: ¿hemos aprendido algo?
Violencia femenina: un espejo incómodo
Que las protagonistas de estas peleas sean mujeres obliga a revisar prejuicios. La violencia no es patrimonio masculino; también puede expresarse en adolescentes que reproducen modelos de agresión vistos en su entorno. El género no cambia la raíz del problema: una cultura que celebra la fuerza, la humillación del otro y la viralización del conflicto.
¿Qué esperamos para proteger a nuestra juventud?
La violencia adolescente en espacios nocturnos es un síntoma de:
- Falta de contención comunitaria y familiar.
- Ausencia de educación emocional en las escuelas.
- Un modelo cultural que premia la confrontación y la exposición pública.
El caso Báez Sosa debería ser un recordatorio permanente de que la violencia grupal puede terminar en tragedia. No importa si son varones o mujeres: cuando el golpe reemplaza a la palabra, la sociedad entera fracasa. La salida de un boliche no puede ser el inicio de una pesadilla. Quienes deberían hacerce cargo de la realidad miran para otro lado o señalan a otros, cuando urge que familias, funcionarios, instituciones educativas, medios y espacios recreativos trabajen juntos para desnaturalizar la violencia y recuperar el sentido de la noche como celebración. Sin dejar de lado la sanción para quienes deben garantizar el bienestar de ciudadanos dentro o fuera de un bailable. Recordar a Fernando Báez Sosa es también recordar que cada pelea puede ser el inicio de una tragedia evitable.















