La Fantasía oscura argentina, tal como la describe G. R. M., no se centra en monstruos ni escenarios apocalípticos. En estas narraciones, la oscuridad no proviene del infierno, sino del alma: de lo que se calla, de lo que se justifica “por una buena causa”.
Meneghetti propone reconocer este modo de narrar como un punto de encuentro, así lo expresa en el texto de su autoría, transcripto a continuación.
Cuando la redención duele más que la condena.
La fantasía oscura suele asociarse a monstruos, violencia o mundos sin esperanza. Pero ese
nunca fue su verdadero centro.
En el fondo, estas historias hablan de cosas más incómodas: culpa, fe quebrada y decisiones
que no admiten marcha atrás. Y cuando se escriben desde Argentina, el peso cambia.
Porque en la Fantasía oscura argentina no hay caballeros relucientes ni linajes gloriosos.
Hay cicatrices. Hay silencios heredados. Hay una relación tensa con la autoridad, con Dios
y con la idea misma de salvación.
En muchas de estas historias, la fe no funciona como refugio ni como respuesta. Es un
conflicto.
Creer no garantiza nada, pero no creer tampoco.
Los personajes avanzan cargando preguntas sin respuesta clara. No buscan gloria. Siguen
adelante porque no hacerlo sería peor.
No hay héroes. Hay protagonistas cansados. Personas que toman decisiones irreversibles.
Que aman cosas que no pueden proteger. Que saben que el final no va a absolverlos.
Y ahí aparece una diferencia importante con otros tipos de fantasía oscura.
No se trata de decir que el mundo es horrible y punto, sino de mostrar que duele porque
podría haber sido distinto.
La oscuridad no viene del infierno.
Viene del alma. De lo que se calla. De lo que se justifica “por una buena causa”.
Estas historias no preguntan solo qué mal hay que vencer.
Plantean algo más incómodo: en qué nos convertimos cuando creemos que ese mal era
necesario.
Nombrar este modo de narrar no es fundar una escuela ni reclamar nada.
Es reconocer algo que ya estaba ahí, disperso, sin nombre común.
Nombrarlo no lo encierra.
Le da un punto de encuentro.
G. R. Meneghetti















